pendientes de mí fueron las personas que trabajaban en el hospital. Las enfermeras siempre encontraban unos minutos para preguntarme cómo me sentía, los médicos dedicaban unas palabras de ánimo durante las revisiones y hasta el personal de limpieza saludaba con una sonrisa. Puede parecer un gesto pequeño, pero cuando alguien pasa tantos días ingresado, cualquier muestra de amabilidad hace una enorme diferencia.

Una enfermera incluso me dijo una frase que jamás olvidaré: «A veces las personas que menos esperas son las que terminan acompañándote». En ese momento comprendí que la