ibas a entrar y todo se iba a complicar.
Ahí estaba.
La frase que faltaba.
No habían cambiado la cerradura porque la venta estuviera completamente fuera de discusión.
La habían cambiado para controlar mi primera reacción.
Para que yo encontrara una puerta cerrada antes de tener oportunidad de preguntar.
Para que la escena pareciera definitiva.
Y durante unos minutos había
funcionado.
Yo había sentido que cuarenta años de mi vida habían desaparecido detrás de una cerradura.
Pero no habían desaparecido.
Habían dejado huellas en cada documento.
En cada pago.
En