Mi suegra apareció en mi restaurante con 38 amigas y anunció: «Pedid lo más caro. Hoy invito yo», aunque sabía perfectamente que no tenía ninguna intención de pagar. En vez de echarlas, miré al encargado y le dije: «Servidles todo lo que pidan». Tres horas después, cuando vio la cuenta de 23.289 euros y la carpeta que dejé sobre la mesa, dejó de sonreír.

chica joven de la que estabas presumiendo antes, Beatrice?

Beatrice la fulminó con la mirada.

Pero Lucas ya estaba completamente atrapado.

—Sí… había otra persona —confesó—. Parte del dinero se gastó en hoteles de lujo, regalos caros y viajes.

Un murmullo de sorpresa recorrió el comedor.

Beatrice parecía incapaz de procesar que su propio hijo estuviera destruyendo en menos de cinco minutos todo el mundo ficticio que ella había construido.

—Me mentiste, Lucas —susurró.

—¡Necesitaba que presionaras a Camilla para que me diera el control del negocio! Pensé que, si