Mi suegra apareció en mi restaurante con 38 amigas y anunció: «Pedid lo más caro. Hoy invito yo», aunque sabía perfectamente que no tenía ninguna intención de pagar. En vez de echarlas, miré al encargado y le dije: «Servidles todo lo que pidan». Tres horas después, cuando vio la cuenta de 23.289 euros y la carpeta que dejé sobre la mesa, dejó de sonreír.

veintitrés mil euros y después se negó a pagarlo.

Lucas empezó a caminar de un lado a otro.

—¡Está completamente loca! ¿Por qué la dejaste pedir tanta comida?

—Porque es una mujer adulta que anunció públicamente, delante de decenas de testigos, que iba a pagar toda la fiesta.

Lucas se agarró el pelo con desesperación.

—¡Esto va a hundirme todavía más!

Lo miré sin dar crédito.

No me preguntó si su madre estaba bien.

Tampoco me preguntó cómo me sentía yo después de todo lo ocurrido.

Seguía pensando únicamente en