comidas con sus amigas. Decía que era absurdo que, ganando tu restaurante tanto dinero, ella tuviera que vivir como una mujer corriente.
—¿Sabía de dónde salía ese dinero?
Lucas tardó mucho en responder.
—Sí.
—¿Y sabía lo de tu amante?
—Sí.
—¿Desde cuándo?
—Casi desde el principio.
—¿Por qué nunca me dijo nada?
Por fin levantó la mirada.
Tenía los ojos vacíos.
—Porque me dijo que mientras siguiera dándole dinero, jamás te contaría lo que estaba haciendo.
Toda la humillación que había soportado durante años se transformó de repente en