ojeroso, con los mismos ojos que Luna.
La verdad de Tomás
Me confesó que me había reconocido desde el primer día y que nunca se animó a decírmelo por miedo a que, al mirarlo, viera a su padre. La noche del embarazo había ido a enfrentar a don Federico para que le contara todo lo que le había hecho a mi madre. Y su padre le ofreció un trato: su abuelo le había dejado una herencia millonaria que Federico controlaba. Si Tomás se alejaba de mí hasta que naciera el