del sobre más viejo. Me abrió un hombre canoso, más delgado de lo que recordaba.
—Tomás no está disponible. Sabía que estabas embarazada y eligió irse. Vuelve a tu casa.
Di media vuelta, pero me detuve a mitad del camino. Estaba cansada de que otros decidieran qué verdad me tocaba saber.
—No me voy hasta que Tomás me mire a los ojos y me diga él mismo que no quiere a su hija.
Desde el fondo de la casa se escuchó una voz: “Papá, córrete”. Y Tomás salió al porche,