problema: el problema era quién decidía. Con Luna no habría más acuerdos secretos. Todo se hablaría de frente.
Le mostré las cartas al abuelo. Lloró con la última entre las manos. “Creí que te estaba protegiendo. Nunca le di una oportunidad a ese chico”. Le tomé la mano. “Ese es el problema, abuelo. Todos creyeron que nos estaban protegiendo”.
Esa tarde, Tomás devolvió a Luna a las seis en punto. Ni un minuto antes ni uno después. Me la entregó en la puerta y no entró, porque yo no lo