la deuda podía hacerse exigible de inmediato.
Y el responsable legal de regularizarla era el mismo nombre que aparecía en el contrato.
El mío.
Mi madre se acercó.
—Podemos arreglarlo.
—¿Cómo?
—Tú tienes trabajo. Puedes pedir un préstamo.
La miré.
No podía creer que acabara de decirlo.
—Después de llamarme parásita.
Ella bajó la mirada.
—No quise decirlo.
—Sí quisiste.
Tomé mi bolso.
—Y ahora entiendo por qué querían que me fuera antes del fin de semana.
Mi padre levantó la cabeza.
—¿Qué quieres decir?
—Si yo seguía viviendo aquí,