podía descubrirlo.
Nadie habló.
Salí de la casa.
Esa tarde fui directamente al despacho de Sofía.
Ella leyó cada página sin interrumpirme.
Al terminar, levantó la mirada.
—Mariana, esto cambia completamente la situación.
—¿Puedo liberarme de esa garantía?
—Hay que revisar cómo se obtuvo tu firma y quién presentó estos documentos.
—Yo no firmé.
Sofía asintió.
—Entonces vamos a empezar por ahí.
Sacó una carpeta nueva.
—Pero antes necesito que me respondas algo.
—¿Qué?
Me mostró la última página del contrato.
Había una firma debajo de mi nombre.
La observé.