al armario.
La llave encajó en una pequeña ranura detrás del revestimiento.
Sebastian había vivido en esa habitación años sin verla.
Giró.
Un panel estrecho se abrió.
Dentro había tres sobres.
Un pequeño grabador digital.
Y una caja de madera.
Sobre el primer sobre:
Para Natalie.
Segundo:
Para Sebastian.
Tercero:
Para ambos, pero solo cuando sean capaces de estar en la misma habitación sin culparse por pecados ajenos.
Sebastian soltó una risa corta.
—Definitivamente mi madre.
Natalie sonrió triste.
Abrieron primero el suyo.
Katherine aparecía en una grabación.
Más delgada.