pensando en pagar.
—Sí.
—No.
—Puedo hacerlo sin…
—No.
—Camila.
—No quiero que mi casa sea regalo suyo.
—¿Por qué?
—Porque quiero poder mirarla y saber que es mía.
Eso lo entendí.
—Entonces préstamo.
—No.
—Interés bajo.
—No.
—Aval.
Ella pensó.
—Eso quizá.
—¿Quizá?
—Si es legal.
Formal.
Y no puede usarlo para aparecer un día diciendo “esta casa existe gracias a mí”.
—Nunca haría eso.
Me miró.
—Todavía no me conoce suficiente para saber qué cosas voy a recordarle.
—Bien.
Acepté.
—Aval.
No regalo.
No propiedad compartida.
No control.
—