La niña le pidió a un mafioso que comprarakara una casa para su mamá… y terminó destapando una traición mortal kara

pensando en pagar.

—Sí.

—No.

—Puedo hacerlo sin…

—No.

—Camila.

—No quiero que mi casa sea regalo suyo.

—¿Por qué?

—Porque quiero poder mirarla y saber que es mía.

Eso lo entendí.

—Entonces préstamo.

—No.

—Interés bajo.

—No.

—Aval.

Ella pensó.

—Eso quizá.

—¿Quizá?

—Si es legal.

Formal.

Y no puede usarlo para aparecer un día diciendo “esta casa existe gracias a mí”.

—Nunca haría eso.

Me miró.

—Todavía no me conoce suficiente para saber qué cosas voy a recordarle.

—Bien.

Acepté.

—Aval.

No regalo.

No propiedad compartida.

No control.

—