Parte 2
El hombre nunca llegó a tocar la pistola.
Marco Bellini, mi jefe de seguridad, lo interceptó antes.
Un movimiento.
Rodilla contra el suelo.
Muñeca inmovilizada kara.
Arma apartada.
Nada elegante.
Nada cinematográfico.
Eficiente.
Camila gritó.
Sofie empezó a llorar.
Y eso fue lo único que me importó durante los siguientes diez segundos.
—Sáquenlo.
—Vincent…
—Ahora.
Marco entendió que no quería al hombre interrogado delante de una niña.
Lo levantaron.
El desconocido seguía intentando hablar.
—No era así.
—Después.
—Romano, escúcheme.
—Después.
La puerta se cerró.
El apartamento quedó