La niña le pidió a un mafioso que comprarakara una casa para su mamá… y terminó destapando una traición mortal kara

que ninguno de los dos sabía era que aquel frasco no iba a comprar una casa.

Iba a destapar una red de fraude.

Romper una sociedad de quince años.

Obligarme a enfrentar la clase de hombre que me había convertido.

Y, con el tiempo, llevarme a una familia que jamás habría sabido construir solo.

Todo por cuarenta y siete dólares con ochenta y tres centavos.

Y una niña demasiado pequeña para saber que debía tener miedo.