Me divorcié embarazada de tres meses; diez años después, mi exmarido entregó un premio a su propio hijo sin saber quién era

seis metros.

Había dejado atrás al director, a los profesores, a los fotógrafos.

Todo su autocontrol habitual había desaparecido.

—Sí —respondí.

Mi hijo me miró.

—¿De dónde?

No alcancé a contestar.

Ethan llegó hasta nosotros.

Su atención estaba completamente fija en Leo.

Demasiado.

Me interpuse ligeramente.

El movimiento fue pequeño.

Pero Ethan lo vio.

—Laura.

—Ethan.

Leo miró de uno a otro.

—¿Quién es?

Mi exmarido pareció recibir un golpe.

Esperó que yo respondiera.

No lo hice.

Aquella conversación no ocurriría en medio de un auditorio.

—Es alguien que conocí