seis metros.
Había dejado atrás al director, a los profesores, a los fotógrafos.
Todo su autocontrol habitual había desaparecido.
—Sí —respondí.
Mi hijo me miró.
—¿De dónde?
No alcancé a contestar.
Ethan llegó hasta nosotros.
Su atención estaba completamente fija en Leo.
Demasiado.
Me interpuse ligeramente.
El movimiento fue pequeño.
Pero Ethan lo vio.
—Laura.
—Ethan.
Leo miró de uno a otro.
—¿Quién es?
Mi exmarido pareció recibir un golpe.
Esperó que yo respondiera.
No lo hice.
Aquella conversación no ocurriría en medio de un auditorio.
—Es alguien que conocí