si debía buscarlo.
Y quizá debí hacerlo.
—¿Por qué no?
—Porque cuanto más tiempo pasaba, más difícil era.
Leo asintió lentamente.
—¿Él me quería?
Aquella frase casi me rompió.
—No podía querer a alguien que no sabía que existía.
—Ah.
—Leo.
Tomé su mano.
—Lo que ocurrió entre tu padre y yo no tiene nada que ver con tu valor.
Nada.
—Lo sé.
Pero su voz había cambiado.
—¿Quiere conocerme?
Pensé en Ethan.
En sus ojos.
En su desesperación.
—Sí.
—¿Mucho?
—Muchísimo.
Leo respiró.
—No sé si quiero conocerlo.
—No