Me divorcié embarazada de tres meses; diez años después, mi exmarido entregó un premio a su propio hijo sin saber quién era

bajó.

—¿Él es mi padre?

Sentí que se me cerraba la garganta.

Había imaginado ese momento durante nueve años.

Nunca estaba preparada.

—Sí.

Leo permaneció inmóvil.

—¿Él lo sabía?

Aquella pregunta era la más importante.

—No.

—¿Nunca?

—Lo descubrió hoy.

—Por mi cara.

—Más o menos.

Leo miró sus manos.

—¿Por qué no se lo dijiste?

No mentí.

—Porque cuando nos divorciamos yo estaba muy herida.

Él quería empezar otra vida.

Yo pensé que lo mejor era marcharme.

—Pero…

—Lo sé.

Tomé aire.

—Con los años me pregunté muchas veces