eligió.
—No quiero un restaurante caro.
—¿Por qué?
—Porque si es raro puedo salir corriendo.
Me reí.
—Buena estrategia.
Ethan llegó quince minutos antes.
Yo lo vi desde lejos.
Estaba sentado en un banco.
Sin traje.
Jeans.
Suéter oscuro.
Nunca lo había visto esperando a alguien con tanta ansiedad.
Leo caminaba a mi lado.
—Mamá.
—¿Sí?
—No tienes que quedarte.
—Puedo.
—Quiero hablar con él solo.
Mi corazón se tensó.
—¿Seguro?
—Estarás cerca.
—Muy cerca.
—No demasiado.
—Leo.
—Mamá.
Suspiré.
—Bien.
Me senté en otro banco, a unos treinta metros.