abras puertas que no sabes cerrar.
Su expresión cambió.
—Llevo diez años pensando en esa puerta.
—Yo no.
Era mentira.
Él lo supo.
No me contradijo.
—Buenas noches —dijo.
—Buenas noches.
Se marchó.
Yo tardé dos horas en dormir.
Unas semanas después apareció un hombre llamado Daniel Hayes.
No era dramático.
No era multimillonario.
No tenía una historia trágica conmigo.
Era arquitecto.
Habíamos colaborado profesionalmente durante meses.
Me invitó a cenar.
Acepté.
Leo lo conocía de antes.
Le caía bien.
Todo parecía sencillo.
Cuando Ethan descubrió que estaba saliendo con