un segundo olvidé respirar.
Ethan Sullivan entró por la puerta lateral.
Diez años habían endurecido sus facciones.
Traje oscuro.
Cabello ligeramente más corto.
La misma forma de caminar como si todo espacio le perteneciera.
No me vio.
Subió al escenario entre aplausos.
El director sonrió.
—Señor Sullivan, ¿nos haría el honor de entregar personalmente el premio al estudiante más destacado de este año?
Ethan aceptó.
—Por supuesto.
Yo apreté la cámara.
—Invitamos al escenario a Leo Bennett.
Mi hijo se levantó.
Caminó hacia Ethan.
Y el mundo entero pareció quedarse