Miró hacia la puerta.
—Mis hijos creen que te casaste conmigo por dinero. Tú creías que yo me casé contigo para protegerme de ellos.
—¿No fue así?
—Solo en parte.
Me quedé en silencio.
Arthur abrió el cajón de la mesita junto a la cama y sacó un pequeño sobre.
—Hay alguien a quien debes conocer.
Dentro había una dirección en las afueras de Madrid y un nombre.
Gabriel Ortega.
—¿Quién es?
—El abogado que ayudó a Daniel a esconder las pruebas.
Mi corazón se aceleró.
—¿Está vivo?
—Sí.
—¿Por