PARTE 1
—Lo vamos a tener sedado aquí en el hospital todo el tiempo que haga falta. Un par de semanas si es necesario. Que se quede ahí tirado hasta que nos firme y nos pase el control de la empresa.
Alejandro mantenía los ojos apretados, aterrado de mover siquiera un dedo. Ya había asimilado tres cosas. La primera: estaba en una cama de hospital. Sentía la aguja del suero en el brazo y el olor a cloro y desesperación típico de las clínicas. La segunda: seguía usando la camisa