en aquello y después te abandonó sin explicaciones. Él mismo lo reconoció.
Agradecí aquella respuesta.
No quería una historia que transformara mágicamente al hombre que nos había abandonado en una víctima perfecta.
—¿Dónde está ahora?
Gabriel se levantó.
—No lo sé.
—No le creo.
—Es la verdad.
Abrió una caja fuerte pequeña.
Sacó un sobre amarillento.
En la parte delantera estaba escrito:
PARA CALEB. CUANDO SEA LO BASTANTE MAYOR.
Se me hizo un nudo en la garganta.
—Daniel me dejó esto antes de desaparecer.
No quise abrirlo.
—Es de mi