Empezó en una de mis empresas cuando tenía veinticuatro años. Era inteligente. Demasiado ambicioso, quizá. Ascendió rápido.
—Nunca me habló de usted.
—Porque cuando te conoció ya no trabajaba conmigo.
Arthur abrió la carpeta.
Dentro había contratos, cartas y varias fotografías.
Sacó una de ellas.
Daniel aparecía delante de aquel mismo palacete, mucho más joven, estrechando la mano de Arthur.
—¿Por qué se marchó?
Arthur tardó unos segundos en responder.
—Porque descubrí que estaba robando dinero de una de mis empresas.
Lo miré sin poder creerlo.
—No.
—Nunca presenté cargos.
—¿