tenía otra prioridad.
—¿Dónde está Florence?
Daniel me dio una dirección.
Era una residencia privada a unos cuarenta minutos de Madrid.
—Richard la llevó allí esta mañana —explicó—. Pero Florence no está retenida físicamente. Le han dicho que Arthur autorizó el traslado.
—¿Cómo sabes todo esto?
Silencio.
—Daniel.
—Porque llevo tres meses trabajando con Gabriel para reunir las últimas pruebas.
Miré la memoria USB.
—Entonces tú añadiste los archivos recientes.
—Sí.
—¿Por qué no viniste a verme?
Su respuesta tardó demasiado.
—Porque no sabía cómo mirar a Caleb a los