puerta.
—¿Y Arthur?
Arthur apareció en una silla de ruedas.
Había insistido en bajar desde su habitación.
—Aquí estoy, campeón.
Caleb sonrió.
Arthur le entregó una pequeña pieza de ajedrez.
Un caballo blanco.
—Para que me la devuelvas cuando volvamos a jugar.
Caleb la apretó entre sus dedos.
—Voy a ganarte otra vez.
—Eso está por ver.
Cuando se llevaron a Caleb, Arthur se sentó a mi lado.
Esperamos durante horas.
Daniel también estaba en el hospital.
Pero permaneció lejos.
No intentó acercarse.
No quiso obligarme a presentárselo a Caleb.