Aquello, al menos, respetaba la decisión que yo había tomado.
Primero mi hijo debía recuperarse.
Después decidiríamos juntos qué lugar, si alguno, tendría Daniel en su vida.
Finalmente apareció el cirujano.
Me levanté inmediatamente.
Sonrió.
—La intervención ha salido bien.
Me tapé la boca con ambas manos.
Durante meses había imaginado aquel momento.
Arthur cerró los ojos y dejó escapar el aire lentamente.
Lo abracé.
No porque fuera millonario.
No porque hubiera pagado la operación.
Lo abracé porque, de una manera extraña e inesperada, aquel anciano había terminado formando parte