al patio, llenaba un gran recipiente de plástico con agua y, en silencio, lavaba la ropa del penal con la misma dedicación de siempre.
La mayoría de las internas la trataban con indiferencia, aunque también había quien sentía respeto por su serenidad. Muy distinta era Vanessa, conocida como la reclusa más peligrosa de toda la prisión. Había sembrado el miedo entre las demás, disfrutaba humillándolas y estaba convencida de que nadie se atrevería jamás a llevarle la contraria.
Ese día, Vanessa apareció en el patio con un enorme montón de