se suavizó.
Tomó otro bocado.
Pero aquella noche no terminó ahí.
A las dos de la madrugada sonó mi teléfono.
Era Ethan.
Contesté inmediatamente.
—¿Qué pasó?
No respondió.
Solo respiraba.
—Ethan.
—Mamá…
Se me cerró la garganta.
Hacía años que no me llamaba así por teléfono.
Siempre decía Elena.
A veces mamá cuando estaba bromeando.
Pero aquella vez no había ninguna broma.
—Estoy aquí.
—Han congelado algunas de nuestras cuentas.
Me incorporé en la cama.
Daniel se despertó.
—¿Qué?
—Los bancos recibieron la orden esta noche.
—¿Cuánto?
—Suficiente para impedir