El hijo de mi esposo llegó empapado a nuestra puertakara… veinte años después me entregó las llaves de una mansiónkara

su lado.

—Yo tampoco.

—Tengo miedo.

—Lo sé.

—Si Noah está detrás de esto…

No terminó.

—Era mi hermano antes de ser mi socio.

Lo miré.

—Lo sé.

—Él fue quien me dio comida cuando nadie más lo hacía.

—Lo recuerdo.

—Cuando yo no tenía dinero, él compartía todo conmigo.

—También lo recuerdo.

—Entonces ¿cómo puede ser él?

No tuve una respuesta.

Y quizá por primera vez en veinte años, no intenté dársela.

Solo apoyé mi cabeza sobre su hombro.

Nos quedamos así.

Dos personas escuchando la lluvia contra las