El hijo de mi esposo llegó empapado a nuestra puertakara… veinte años después me entregó las llaves de una mansiónkara

ventanas.

Hasta que Ethan dijo algo que me hizo levantar la cabeza.

—Mamá.

—¿Sí?

—Hay una cosa más.

—¿Qué?

—La noche en que llegué a tu casa…

Esperé.

—No llegué allí por casualidad.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué quieres decir?

Ethan tragó saliva.

—No estaba huyendo solo de mi madre.

—Entonces ¿de quién?

Me miró.

—De alguien que me había estado siguiendo.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

—¿Quién?

Ethan sacó su teléfono.

Abrió una fotografía vieja.

Era borrosa.

Un adolescente caminando bajo la lluvia.

Y detrás de él, estacionado