El hijo de mi esposo llegó empapado a nuestra puertakara… veinte años después me entregó las llaves de una mansiónkara

comprendí que el problema de la empresa no había comenzado hacía dos meses.

Ni hacía seis años.

Tal vez había comenzado veinte años atrás.

La noche en que un adolescente empapado llamó a nuestra puerta.

Y alguien, desde el otro lado de la calle, estaba esperando para ver si yo abría.
PARTE 4

No dormí aquella noche.

No podía.

Cada vez que cerraba los ojos volvía a ver aquella fotografía.

Un automóvil negro bajo la lluvia.

Un adolescente de catorce años caminando solo.

Y una figura sentada al volante.

Mark.