El hijo de mi esposo llegó empapado a nuestra puertakara… veinte años después me entregó las llaves de una mansiónkara

al otro lado de la calle, había un automóvil negro.

—Nunca se lo conté a papá.

—¿Por qué?

—Porque pensé que si lo hacía, él intentaría buscar al hombre.

—¿Y quién era?

Ethan amplió la imagen.

El rostro del conductor apenas podía verse.

Pero yo reconocí algo.

No la cara.

La chaqueta.

La misma chaqueta que Mark llevaba en la fotografía que Laura acababa de traernos.

Sentí que se me helaban las manos.

—Ethan…

Él me miró.

—Creo que Mark sabía dónde estaba yo aquella noche.

Y en ese instante