carpeta dentro del despacho de Mark.
—¿Y qué viste?
—Que el dinero llegaba.
—¿A dónde?
—A una cuenta que yo no conocía.
Daniel se levantó.
—¿Cuánto tiempo llevaban haciendo eso?
—No lo sé.
—¿Y luego?
Ethan miró hacia mí.
—Le pregunté a Mark.
—¿Qué te dijo?
—Que no era asunto mío.
—¿Y tu madre?
—Estaba allí.
La voz de Ethan comenzó a quebrarse.
—Le pregunté a mamá si papá realmente no mandaba dinero.
—¿Qué respondió?
—No dijo nada.
Daniel cerró los ojos.
—Entonces fue cuando empezaste a sospechar.
Ethan asintió.