—Esa noche Mark se puso muy nervioso.
—¿Te amenazó?
—No exactamente.
—¿Qué hizo?
—Me dijo que olvidara lo que había visto.
—¿Y tú?
—Dije que iba a llamar a papá.
Daniel levantó la cabeza.
—Entonces te echó.
—Sí.
Yo sentí un nudo en el pecho.
—Pero dijiste que alguien te siguió.
Ethan asintió.
—Después de salir de la casa, caminé hasta la carretera.
—¿Por qué no llamaste a tu padre?
—Intenté hacerlo.
—¿Y?
—Mi teléfono no tenía señal.
Daniel miró al suelo.
—Dios.
Ethan continuó:
—Entonces vi el automóvil.
—¿El