El hijo de mi esposo llegó empapado a nuestra puertakara… veinte años después me entregó las llaves de una mansiónkara

—¿Qué quieres decir?

—Creo que estaba estacionado al final de la calle.

Daniel y yo nos miramos.

—Entonces alguien sabía dónde vivíamos.

Ethan asintió.

—Sí.

—¿Y después?

—Nada.

—¿Nunca volviste a verlo?

—No.

Me levanté.

—Voy a llamar a Laura.

Ethan negó.

—No.

—¿Por qué?

—Porque hay algo más.

Volvió a sacar el teléfono.

Abrió una carpeta.

Había capturas de pantalla.

Correos.

Mensajes.

Fotos.

—He estado investigando desde anoche.

Daniel se acercó.

—¿Qué encontraste?

Ethan mostró una fotografía de Mark.

Era reciente.

Aparecía entrando en un edificio de oficinas.

El