El hijo de mi esposo llegó empapado a nuestra puertakara… veinte años después me entregó las llaves de una mansiónkara

documento.

—Aquí aparece como consultor.

—¿Consultor de qué?

—Información financiera.

Daniel apretó los dientes.

—¿Y Noah?

—También recibió pagos.

Ethan se dejó caer en una silla.

—No.

—Sí —respondió el investigador.

—¿Cuánto?

—Aproximadamente ochocientos mil dólares.

Silencio.

Ethan miraba el suelo.

—Noah no necesitaba ese dinero.

Daniel respondió:

—Quizá no era por dinero.

Ethan levantó la mirada.

—Entonces ¿por qué?

Nadie tenía una respuesta.

Hasta que llegó otro documento.

Era un correo antiguo.

El remitente era Mark.

El destinatario era Noah.

La fecha era de diecinueve años atrás.

Un año