El hijo de mi esposo llegó empapado a nuestra puertakara… veinte años después me entregó las llaves de una mansiónkara

del internado.

—¿Por qué?

—Porque Noah no llegó allí por casualidad.

Ethan lo miró.

—¿Qué quieres decir?

El investigador abrió una carpeta.

—Noah ingresó al internado tres semanas después que tú.

—Eso no significa nada.

—Quizá.

—¿Qué más?

—Su matrícula fue pagada por una fundación privada.

Ethan frunció el ceño.

—¿Cuál?

El investigador mostró el nombre.

Ethan dejó de respirar.

Era la misma organización que años después había invertido en su empresa.

La misma que había presentado la oferta de compra.

Daniel se levantó.

—Entonces alguien puso a Noah cerca