silencio.
—Tu cariño era real aunque la otra persona no haya sido sincera.
Eso pareció ayudar.
Solo un poco.
Aquella tarde Noah llamó.
Ethan miró el teléfono durante varios segundos.
—¿Vas a contestar?
—No sé.
—Hazlo.
—¿Y si miente?
—Entonces sabrás que miente.
Contestó.
—Hola.
La voz de Noah llegó por el altavoz.
—Ethan.
—¿Dónde estás?
Silencio.
—En la ciudad.
—Necesito verte.
—No creo que sea buena idea.
—¿Por qué?
Noah no respondió.
Ethan apretó la mandíbula.
—Porque sabes que descubrimos los pagos.
Otra pausa.
—Sí.
Mi corazón se aceleró.