donde Laura vivía.
Pero había algo más.
La propiedad estaba hipotecada.
Y el préstamo estaba a nombre de…
Mark.
No entendía.
—Entonces Mark era el dueño real de la casa.
—Sí.
—¿Laura lo sabía?
—Probablemente.
—¿Y Ethan?
—No.
Aquello explicaba muchas cosas.
Pero no todas.
¿Por qué Ethan?
¿Por qué seguirlo?
¿Por qué intentar comprar ahora su empresa?
Entonces llegó la pieza que faltaba.
El investigador envió otro documento.
Una escritura antigua.
El nombre de una sociedad aparecía como propietaria de varios activos.
Entre ellos, la casa de Laura.
Y