La miró.
—No es mi firma.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
—Entonces alguien falsificó tu firma.
El investigador asintió.
—Y la misma firma aparece en otros documentos.
—¿Cuáles?
—Transferencias bancarias.
—¿De qué cantidad?
—Millones.
Daniel se sentó.
Por primera vez desde que lo conocía, vi verdadero miedo en su rostro.
—Durante veinte años…
No terminó.
Ethan lo miró.
—Papá.
Daniel negó.
—No.
—¿Qué?
—No fui yo quien dejó de visitarte.
Ethan frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Daniel respiró profundamente.
—Tu madre me dijo que tú no querías