El hijo de mi esposo llegó empapado a nuestra puertakara… veinte años después me entregó las llaves de una mansiónkara

la única que tenía secretos.”

Ethan miró a su padre.

Daniel se quedó completamente pálido.

—¿Qué significa eso?

Daniel no respondió.

Porque acababa de reconocer a alguien que aparecía al fondo de la fotografía.

Un hombre joven.

De pie junto a la puerta.

El mismo hombre que años después se convertiría en el abogado de Daniel.

El mismo hombre que había asegurado que Ethan no quería volver a verlo.

Daniel susurró:

—Dios mío.

Yo tomé la fotografía.

—¿Quién es?

Daniel me miró.

Y por primera vez desde que lo conocía,