El hijo de mi esposo llegó empapado a nuestra puertakara… veinte años después me entregó las llaves de una mansiónkara

lo ayudé a pagar algunas deudas. Después me prometió que había cambiado.

—¿Y lo hizo?

Daniel soltó una risa amarga.

—No.

Entonces comprendimos.

Michael necesitaba dinero.

Mark tenía dinero.

Y Laura necesitaba dinero.

La conexión parecía evidente.

Pero faltaba una pieza.

¿Por qué Ethan?

¿Por qué veinte años?

La respuesta llegó esa noche.

El investigador llamó.

—Encontramos el documento original.

—¿Cuál?

—El que demuestra quién falsificó la firma de Daniel.

Ethan se puso de pie.

—¿Dónde está?

—En una caja de seguridad.

—¿La misma de la que habló Noah?

—Sí.