El hijo de mi esposo llegó empapado a nuestra puertakara… veinte años después me entregó las llaves de una mansiónkara

—¿Quién la abrió?

Hubo silencio.

—Tenemos un registro.

—¿Quién?

El investigador respondió:

—Laura.

Ethan cerró los ojos.

—Entonces Noah tenía razón.

—No exactamente.

—¿Qué significa eso?

—Laura abrió la caja esta mañana.

—¿Y qué hizo con los documentos?

—Los retiró.

—¿Dónde están?

—No lo sabemos.

Ethan tomó las llaves del automóvil.

—Voy a buscarla.

Daniel lo detuvo.

—No.

—Papá.

—No sabes dónde está.

—Es mi madre.

—Precisamente.

Yo intervine:

—Primero llama.

Ethan respiró profundamente.

Marcó.

No respondió.

Volvió a llamar.

Nada.

Finalmente llegó un mensaje.

“Ven solo.”

Ethan me mostró