El hijo de mi esposo llegó empapado a nuestra puertakara… veinte años después me entregó las llaves de una mansiónkara

pantalla.

Era Noah.

Ethan contestó.

—¿Dónde estás?

Noah respondió rápidamente:

—Encontré a Mark.

—¿Dónde?

—En la vieja fábrica.

—¿Qué fábrica?

—La que pertenecía a Michael.

Daniel levantó la cabeza.

—Voy para allá.

—No —dijo Noah—. Es peligroso.

Ethan se puso de pie.

—Dime dónde.

Noah dio la dirección.

Luego añadió:

—Hay algo más.

—¿Qué?

—No está solo.

La llamada terminó.

Daniel tomó las llaves.

—Vamos.

Yo agarré el brazo de Ethan.

—Llama a la policía.

—Ya lo hice.

Aquella vez no discutí.

La fábrica estaba abandonada.

Llegamos con dos vehículos