no me salvó porque fuera perfecta.
Sonrió.
—De hecho, es bastante mandona.
Todos rieron.
—Me salvó porque, durante unos minutos, dejó de pensar en las complicaciones que podía traer a su vida y pensó solamente en un niño que tenía frío.
Las lágrimas empezaron a caer.
—Nunca podré pagar eso.
Sacó una pequeña caja.
Me la entregó.
—Pero quiero darte algo.
La abrí.
Dentro había una llave.
No era la llave de la mansión.
Era mucho más pequeña.
—¿Qué es?
Ethan sonrió.
—La llave de la primera casa.
Me quedé