tenía que contener la risa.
Pero Daniel perseveró.
Poco a poco descubrió cómo hablar con él.
En lugar de preguntar “¿cómo estás?”, preguntaba:
—Del uno al diez, ¿qué tan terrible estuvo hoy el profesor Miller?
O:
—Tengo un problema con Excel y tu madrastra dice que tú eres el genio de la familia.
Ethan corregía:
—Elena no dijo eso.
Yo gritaba desde el sofá:
—¡Sí lo dije!
Y por el teléfono escuchábamos su risa.
Comenzó a venir cada fin de semana.
Al principio llegaba con la misma mochila vieja.
Después