hacia otro lado.
Yo sabía por qué.
Recordaba al adolescente amarillento y tembloroso que había cruzado nuestra puerta.
Ethan era excelente estudiante.
Consiguió una beca para estudiar ingeniería informática.
El día que recibió la carta de admisión, entró corriendo en la cocina.
—¡Elena!
Yo estaba cortando verduras.
—¿Qué incendiaste?
—¡Nada!
—Entonces no grites de esa manera.
Me enseñó el teléfono.
Leí el correo.
Había sido aceptado en una de las mejores universidades del país.
Lo abracé.
—¡Lo lograste!
Él reía.
Daniel llegó veinte minutos después.
Ethan quiso fingir calma.
—Me