aceptaron.
Daniel dejó caer las llaves.
—¿Qué?
—Me aceptaron.
Daniel lo abrazó tan fuerte que casi lo levantó.
Sophie, que ya tenía cuatro años, corrió alrededor de ellos gritando:
—¡Ethan va a la universidad!
No entendía qué significaba, pero sabía que era algo bueno.
Aquella noche salimos a cenar.
A mitad de la comida, Ethan recibió un mensaje.
Su sonrisa desapareció.
—¿Laura? —preguntó Daniel.
Asintió.
—¿Qué dice?
Ethan bloqueó la pantalla.
—Nada.
Yo no pregunté.
Más tarde, mientras lavábamos platos, me lo contó.
—Mamá dijo que seguro papá pagó para