El hijo de mi esposo llegó empapado a nuestra puertakara… veinte años después me entregó las llaves de una mansiónkara

de tu lado —protestó Daniel.

—Demasiado tarde.

La segunda empresa no fracasó.

Comenzó siendo un software sencillo para ayudar a pequeñas compañías a controlar inventario.

Luego incorporaron herramientas de predicción.

Después contratos empresariales.

Cuando Ethan tenía veinticinco años, ya empleaban a treinta personas.

A los veintiocho, más de doscientas.

Un fondo de inversión compró parte de la compañía.

Daniel me mostró una noticia en su teléfono.

—¿Viste cuánto dicen que vale?

—Los periódicos exageran.

—Elena.

—¿Qué?

—Nuestro hijo es millonario.

Sonreí.

Daniel se quedó quieto.

—Dijiste “nuestro hijo”.

No me